Monday, September 23, 2013

Diario chileno III

Bueno, hoy por fin después de un pequeño parón os traigo la última parte de nuestro viaje. 

Después de la intensisima fase dos, decidimos irnos al norte del país, concretamente a un pueblo de la parte del desierto andino llamado "San Pedro". He de confesar que esta parte del viaje fue ya puramente turística, aunque no por ello menos intensa (menudas palizas nos dimos por aquellos lares).
Así que de Tierra Amarilla cojimos un bus hasta Antofagasta (la segunda ciudad más grande de Chile) donde pasamos una noche. Al día siguiente partimos rumbo a San Pedro, que no quedaba lejos de Antofa.
San Pedro es un pequeño pueblo con ambiente hippie, que vive practicamente del turismo. La razón es que está absolutamente rodeado de paisajes paradisiacos. De hecho, los 5 días que pasamos allí nos dedicamos a hacer excursiones visitando los bonitos alrededores.
El primer día alquilamos unas bicis y nos fuimos al Valle de la Luna (lo podéis ver en las fotos de abajo, de película). Comimos allí y terminamos viendo una puesta de sol increíble desde la Duna Mayor. Eso sí, en el desierto, en cuanto se esconde el sol cae inmediatamente la noche y pasas de estar en manga corta a tener que ponerte mil capas. Y claro, ahí estábamos los ocho, bajando en nuestras bicis en medio de la noche con todo hiper oscuro. Hubo un punto del camino que decidimos pararnos y tumbarnos a contemplar las estrellas (os prometo que jamás había visto un cielo tan estrellado... increíble). 
Finalmente llegamos sanos y salvos a SP.

El segundo día visitamos las lagunas altiplánicas, lagunas a 4000 kilómetros de altura. Después de comer decidimos bañarnos en ellas y realmente no os puedo explicar con palabras lo fría que estaba ese agua... era como si te estuvieran clavando mil agujas por todo el cuerpo. Lo bueno es que también acabamos el día con una preciosa puesta de sol enfrente de una laguna que reflejaba la luz, mientras nos tomabamos un pisco.

El tercer día decidimos volver a aventurarnos y coger las bicis para visitar el Valle de la Muerte. Creo que puedo decir sin exagerar que estuvimos cerca de la muerte aquel día (bueno, quizás este exagerando un poquito). Alquilamos las bicis a eso de las 11 de la mañana. Nos dijeron que la ruta nos llevaría aproximadamente unas 4 horas y nos fuimos tan contentos. Subimos por un empinado sendero, bajamos, volvimos a subir, y a bajar... al final llegamos a una explanada donde no había absolutamente nada. Aquello era la más pura y llana nada. En ese punto ya se nos había gastado todo el agua que llevábamos y empezamos a sospechar que nos habíamos perdido. Justo en ese momento pasó un coche y nos dijo que ibamos bien, que siguieramos pedaleando. Y eso mismo hicimos. Pero el camino de tierra por el que íbamos se convirtió en arena y... bueno, para los que nunca habeis pedaleado por arena es prácticamente imposible. Yo ahí ya iba  un poco al límite de mis fuerzas, y el sol justiciero del desierto y la sed no ayudaban especialmente.
Decidimos pararnos a comer, a ver si nos reponíamos un poco, y de la nada apareció un perrazo ladrándonos. Resulta que nos habíamos parado al lado de una mini base militar medio escondida en medio de aquella llanura... ¡Salvación! 
En la base sólo había tres soldados, de nuestra edad practicamente y ellos, encantados, nos dieron agua y nos dijeron que estábamos al lado de la carretera ya, y que el pueblo se encontraba a unos 10 kilómetros de ahí.
Fueron encantadores, la verdad.
Al final llegamos a San Pedro cuando ya estaba prácticamente anocheciendo.

Esa noche, ya que nos lo habíamos ganado, nos fuimos a cenar todos para celebrar que el día siguiente era mi cumple ^^
Hay que decir que mi cumple fue un día verdaderamente intenso también. Nos levantamos a las 4 de la mañana (sí,sí, como lo ois) para ir a ver los Geiseres del Tatio (la parte favorita de Rafi ^^) que había que verlos nada más amanecer. Después nos bañamos es una especie de terma que supuestamente estaba caliente pero aquello no estaba más que templadurrio, así que no duramos mucho dentro del agua.
A la bajada a San Pedro paramos en Machuca, un pequeño pueblecito donde comimos empanadas de queso y brochetas de carne de llama.
Llegamos a nuestro hostal con el tiempo justo para comer, agarrar los macutos y montarnos en un bus de 17 horas (sí, Chile es lo que tiene) que nos llevaría a nuestro próximo destino: Valle del Elqui.

El Valle del Elqui está conformado por una serie de pueblecitos que viven básicamente de la artesanía. Estuvimos un par de noches en el mejor hostal de todo el viaje. Fueron absolutamente encantadores y fue como estar en tu propia casa prácticamente. En esos pueblos aprovechamos para comprar alfarería, hacer autostop y alguna aventurilla más.
Finalmente volvimos a Santiago para coger nuestro vuelo de vuelta. El viaje tocaba a su fin...
Pero como quisimos aprovechar y exprimir cada minuto de aquel precioso viaje hicimos una última parada de 13 horas en Miami, donde pudimos tumbarnos en South Beach y pasear entre sus lujosas tiendas. Eso sí, nos tocó correr (y mucho) para no perder el vuelo de vuelta.

Espero que a través de estás tres entradas os haya podido transmitir lo que he vivido en un mes, que ha sido mucho, pero sin duda, la experiencia ha sido tan bonita por la gente con quien lo he compartido, tanto de aquí como de allí.
Gracias de corazón a todos los que habéis hecho de este viaje una experiencia innolvidable.

ph/fotos: yo + privado

PD: soy consciente que entre las fotos he puesto una que tiene un dedaco en medio. Sí, el dedaco es mío, y sí, así es como me cargo yo los fotones.

¡¡Besos!!
☮, ♥ 
Amaia

1 comment:

  1. Preciosa y envidiable experiencia, Amaha. Aunque ya conocía bastantes detalles del viaje, me ha encantado leer estas últimas entradas. Las fotos son impresionantes.
    Y vosotros todo un ejemplo para los jóvenes.
    So proud of you :)
    -E.

    ReplyDelete